Batallón “Tres Pasos al Frente”, un ejemplo de patriotismo sin parangón en nuestra historia

 El 6 de octubre de 1933 era una apacible mañana de viernes para los alumnos del Colegio Militar de Ejército y nada presagiaba que en los minutos siguientes el rumbo de sus vidas cambiaría de manera radical. El primero, segundo y tercer cursos pasaban clases, pues el desarrollo de la Guerra del Chaco se había llevado hacía mucho a los cadetes de cuarto y quinto año al campo de batalla, donde varios ya habían ofrendado su vida en defensa de la integridad nacional.

De pronto, alrededor de las 9 de la mañana, la campana comienza a tañer con extraña insistencia, ¡salir el batallón de cadetes a formar en patio de honor! es la orden recibida. Murmullos, preguntas, alboroto y una gran interrogante hizo presa de los jóvenes, de entre 15 y 18 de edad que se formaban militarmente, interrogante que tendría respuesta 15 minutos después. 

Una vez formado y por instrucciones del comandante en jefe del ejército en campaña, Gral. Hans Kundt, el contingente recibió el parte de su comandante de batallón, Mayor Flavio Palenque, quien explicó en breves palabras la urgente necesidad de personal para comandar pequeñas unidades, debido a la gran cantidad de oficiales jóvenes que habían muerto en la primera parte de la guerra.

Esa mañana se planteó la posibilidad de ir a las candentes arenas del Chaco Boreal, donde el enemigo paraguayo había invadido territorio boliviano. 

Palenque dijo que acudía al batallón, en busca de voluntarios para partir de inmediato al teatro de operaciones; finalizó su intervención pidiendo que aquellos que quisieran hacerlo voluntariamente dieran tres pasos al frente. En el silencio que siguió a estas palabras se escucharon tres pasos al frente, firmes, rítmicos y sonoros, de todo el batallón. 

Muy emocionado el My. Palenque agradeció esa muestra de patriotismo, pero dijo “no se dejen llevar por el entusiasmo, la guerra es dura y el sacrificio muy grande”; luego pidió mayor reflexión y repitió el pedido de dar tres pasos al frente, a aquellos que quisieran marchar al frente de batalla, nuevamente se repitieron con igual firmeza los tres pasos del batallón entero. 

Palenque quiso insistir una vez más en su pedido de calma y reflexión, pero tres pasos finales ratificaron la decisión unánime de ese batallón de valientes. Aquella mañana la  suerte estaba decidida, nadie había vacilado y solo quedaba en el ambiente la emoción de los testigos circunstanciales y la posterior admiración de la población, cuando se enteró por la prensa de este hecho único en nuestra historia

El Gral. Kundt emocionado y con el rostro rojo, apenas podía hablar, se puso a seleccionar a algunos de ellos retirando a los menores de 15 años para evitar su temprano sacrificio.

Confundido por la masiva respuesta, Kundt no atinó a dar en ese momento la fecha de la partida al frente de batalla de los valientes jóvenes, algunos de los cuales eran casi unos niños que no hacía mucho habían dejado de jugar con un trompo y parecía que no podrían cargar un fusil. 

Sin embargo la salida no fue inmediata debido a los preparativos y porque los dos sastres del Colegio Militar tuvieron que achicar para los voluntarios los uniformes donados, mismos que Estados Unidos había utilizado en la 1ª Guerra Mundial. 

Noventa cadetes fueron escogidos en el primer contingente que partiría hacia el combate, solo se quedaron dos, Eduardo Rivas Ugalde, por enfermedad y Luis Arrién Gutiérrez, pues ya tenía dos hermanos en el frente de batalla; el resto del batallón de 162 valientes partió en una fecha posterior. Al finalizar la guerra sólo retornaron 73 de estos arrojados bolivianos.

La partida se ordenó para el lunes 16 de octubre de 1933. Conforme se anunció el tren ordinario condujo a los cadetes del Colegio Militar desde La Paz hacia el teatro de operaciones, jóvenes que sin estar obligados legalmente decidieron incorporarse a las filas del ejército activo para luchar en defensa de Bolivia; fue un compromiso espontáneo, circunstancia que fue exaltada por la población, que en respuesta a la decisión voluntaria se dio multitudinaria cita en la estación de Chijini para despedirlos.

Flores, mixturas, dianas musicales, pero sobre todo el anhelo popular de verlos retornar victoriosos, fueron las características del acto de despedida, al que concurrieron las más altas autoridades militares. La ovación del público fue estruendosa y entusiasmó más aún a los jóvenes defensores de la soberanía nacional, que en respuesta al cariño de la gente se mostraron risueños y satisfechos. 


Desde La Paz fueron ovacionados en cada estación, Viacha, Patacamaya, Oruro, Cebarullo, Pazña, Challapata, Uyuni, Soledad, Silencio, Tupiza y Villazón, algunas de las cuales eran estaciones para cargar agua a la locomotora, donde solamente vivía el encargado y algunos familiares pero igual fueron recibidos con aprecio, homenajes, admiración y respeto.

Tal vez estos valientes no sabían que el nombre de las estaciones de Soledad y Silencio se convertiría, por un giro aciago del destino, en la soledad y silencio en que viven los contados sobrevivientes de los Tres Pasos al Frente y los demás defensores del Chaco.

Terminado el viaje en tren, en la estación de Villazón, el contingente partió rumbo a Tarija en un convoy de camiones que los trasportó hasta dicha ciudad en un viaje de tres tramos, Villazón – Quebrada Honda, Quebrada Honda – Iscayachi e Iscayachi – Tarija; los cadetes durmieron en Iscayachi, donde a pesar del frío había una gran cantidad de vinchucas; fue tal vez allí donde varios de los voluntarios contrajeron el mal de chagas.

Al llegar a Tarija fueron recibidos en el teatro, donde hoy se erige el Colegio Nacional San Luis, siendo agasajados con una fiesta en el Club Social, ubicado por entonces donde se encontraría después el antiguo local “El Patio Andaluz”, en lo que hoy es la calle Sucre (entre La Madrid y 15 de Abril); en ese entonces era presidente de la entidad social el Dr. Alejandro Trigo.

Luego de repostar líquido elemento en el “Ojo de Agua” (actual Av. Héroes del Chaco, pasando la Av. Romero) comenzaron la travesía y después de un largo viaje y tras dormir en Entre Ríos, arribaron a Villa Montes y luego a la localidad de Muñoz, donde los nóveles cadetes fueron repartidos a las diferentes unidades y se prepararon para su bautismo de fuego y su encuentro cara a cara con la muerte.

Este es un pedazo de la historia de cómo se sucedieron los hechos de octubre de 1933, junto a la promoción Tres Pasos al Frente, que fue heroica pero muy sacrificada. 

Porque del Infierno Verde solo Dios se acordará
Hoy sus sobrevivientes, junto a las pocas decenas de soldados que quedan aún vivos y repartidos a lo largo y ancho de la nación que defendieron, se debaten en el olvido y el abandono de su país, de su sociedad y hasta de sus familiares y muchos murieron sin recibir, no el reconocimiento, sino la posibilidad al menos de ver recompensado su valor, en su vejez, con una subsistencia y una muerte digna.

Pese a que 150.000 valientes bolivianos lucharon en el Chaco, de los cuales 32.000 perdieron la vida, 11.000 resultaron heridos, 2.000 desaparecieron y 20.000 fueron tomados prisioneros, la gran mayoría murió antes en nuestra débil memoria.

La bruma del tiempo se llevó el estruendo de la despedida cuando marcharon a cuidar nuestra patria, se apagó ya el ruido de los cañones y el fragor del combate en las arenas del Chaco y a 79 años de su partida hacia la batalla, su entrega y valor, su sufrimiento y su muerte, en los candentes campos de Marte de la guerra, parecen haber perdido su importancia.

Lo seguro es que falta poco para que los perdamos para siempre, tal vez nos tropecemos en la calle con ellos, tal vez ni siquiera reparemos en que nos topamos con un héroe de verdad, valiente y respetable hasta dimensiones fantásticas.

Pero si el recuerdo y el respeto nos obligan a ver alguna vez la profundidad de sus cansados ojos, veremos en ellos un brillo fugaz que nos indicará, sin que quepa la menor duda, que siempre estarán dispuestos a dar tres o cuantos pasos al frente sean necesarios por esta patria, esta patria cuyos hijos los olvidaron, los convirtió en una fecha en el calendario o, peor aún, en un estorbo. 

Ya no quedan muchos y los que todavía nos acompañan están atentos al tañer de la campana que los llevará a formar al Patio de Honor para entrar con paso de parada a la tierra de los valientes y a los confines de la historia. 
(*) El autor es periodista y el orgulloso nieto 
de un héroe de los Tres Pasos al Frente.

CC. Jorge Barrenechea Guzmán
Nació el 25 de marzo de 1917, en Oruro, y fue parte del Batallón Tres Pasos al Frente que partió a defender la heredad nacional.

“Salimos de La Paz en octubre de 1933, yo tenía 16 años en ese entonces, éramos jóvenes llenos de ilusiones y no pensamos en la gravedad de la guerra.
El viaje fue hasta Villa Montes y después a un fortín donde estaba el Comando de Ejército. A mí me tocó ir al Regimiento Bolívar 2º de Artillería, donde era comandante de una pieza “Krupp” de 75 milímetros. 

Participé en las batallas de Alihuatá, Cervantes y Campo Vía, esta última es la batalla que más recuerdo y donde combatimos día y noche sin descanso.

Es lamentable que haya un desconocimiento total de la Guerra del Chaco. En los colegios no se habla sobre esta guerra y ni siquiera se hace una hora cívica recordando el sacrificio de tantos bolivianos por defender el territorio nacional ya que gracias a ello tenemos el petróleo y el gas que son el sustento de la economía boliviana”.

CC. Miguel Azurduy Estenssoro
Nació el 3 de julio de 1915, en Tarija, se fue al Colegio Militar, y participó activamente en la Guerra del Chaco. 

“Tenía 18 años, cuando estaba destinado en el Regimiento Castrillo 6 de Caballería, permanecí 2 años en la guerra, participando en todas las acciones que tuvo el regimiento. 
Mi principal batalla fue la de Camatindi, donde verdaderamente se salvó el petróleo que ahora goza todo el pueblo boliviano, por aquella defensa tenaz que hicimos todos nosotros los soldados.

Porque si Camatindi caía en manos enemigas podían ser capturadas la poblaciones de Camiri, Villa Montes y luego los departamentos de Sucre y Tarija. 
Durante la guerra llegué a ser comandante de escuadrón en el Regimiento Castrillo, comandaba el temido ‘escuadrón Azurduy’, éramos muy temidos porque mi sección estaba armada con ametralladoras y nuestro poder de fuego era letal”.

CADETES TARIJEÑOS DEL BATALLÓN 
“TRES PASOS AL FRENTE”
CC. Numa Ávila del Carpio
CC. Miguel Azurduy Estenssoro
CC. Lully De Voltaire Pantoja
CC. Milton Delfín Cataldi
CC. Jorge Echazú Donoso
CC. Milton López López
CC. Dardo Pantoja Palacios
CC. Genaro Tavera Trigo
CC. Gilberto Zilvetti Antelo

“Un solo pensamiento debe ocuparnos, un solo objetivo debemos proponernos, un solo fin debe reunir nuestros esfuerzos y sacrificios, la conservación de la Patria, de sus límites, de su propiedad y su dignidad”.
Mcal. Andrés de Santa Cruz

/El País

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